domingo, 27 de octubre de 2013

Shakuntala

Esta antigua historia, mejor conocida para los lectores ingleses por la traducción de la obra de Kalidasa, es un episodio del Mahabharata, dando un relato del mismo Bharatha, el ancestro de los príncipes en guerra del gran poema épico, de quien, también, el nombre de India, «Bharatvarsha», deriva. La historia de Shakuntala dada aquí es cogida casi literalmente de la versión javanesa publicada más tarde por D. Van Hinloopen Labberton —una versión superior en franqueza y simplicidad que la del Mahabharata sánscrito, y como historia (no por supuesto como obra teatral) superior a la de Kalidasa:
Había un rajá, Dushyanta, cuyo imperio se extendía hasta las costas de cuatro mares. Ningún error era cometido en su reinado: prevalecía la virtud, debido a su buen ejemplo. Un día él estaba cazando en los bosques del Himalaya, y se introdujo más y más en los bosques; entonces llegó a una ermita, con un jardín de hermosas flores y todo tipo de frutas, y un arroyo de aguas claras. Había animales de todo tipo; incluso leónes y tigres estaban bien amansados, dado que el espíritu pacífico del ermitaño los condicionaba. Los pájaros cantaban en cada rama, y los gritos de los monos y osos sonaban como una recitación de los rezos védicos, deleitando el corazón del rey. Él ordenó a sus seguidores mantenerse detrás, dado que deseaba visitar la ermita sin alterar el pacífico retiro. El jardín estaba vacío; pero cuando miró dentro de la casa vio una hermosa niña, como una apsara sobre la Tierra. Ella le dio la bienvenida y le ofreció agua para lavar sus pies y enjuagar su boca, de acuerdo con la costumbre de las visitas. El rey le preguntó de quién era la ermita y por qué estaba vacía. Ella respondió: «Con permiso de su alteza, es la ermita del sabio Kanva. Él ha salido a recoger combustible para el fuego de sacrificio; por favor, maharajá, esperad aquí hasta que él regrese, pues volverá muy pronto.»
Mientras la doncella hablaba el rey fue sacudido por el amor hacia ella. Pero él contestó con una pregunta: «Perdón, hermosa madre», dijo, «he oído acerca del santo Kanva. Pero se dice que él no tiene nada que ver con mujeres; ¿en qué relación tú estás con él?» La doncella de la ermita contestó: «Con perdón de su alteza, él es mi padre; y cuál es la forma en que esto ha sucedido, aquí hay un brahmán huésped que se lo puede informar; por favor, pregúntadle a él acerca de la historia de mi nacimiento.»
El brahmán contó la historia del nacimiento de la niña. El gran yogui Vishvamitra había sido una vez rey, pero él renunció a su condición real, deseando alcanzar la misma dignidad espiritual que Vashishtha. Practicó penitencias tan severas que el mismo Indra temió que su propio reino le fuera arrebatado. Entonces llamó a una de las más hermosas bailarinas del cielo, Menaka, la perla de los apsaras, y la envió a tentar al santo hombre. Ella aceptó la misión, después de recordar a Indra que Vishvamitra era un hombre de inmensos poderes ocultos, capaz de destruir, si lo deseaba, los Tres Mundos; a lo que él respondió enviando con ella a los dioses Viento y Deseo. Ella fue a la ermita y se hizo la inocente, y cuando Vishvamitra la miró el Viento vino y reveló su hermosura, y al mismo tiempo el dios Deseo solió su flecha y le golpeó en el corazón, de modo que Vishvamitra amó a la apsara. Cuando ella se encontró con un niño pensó que su trabajo estaba hecho; ella podía volver al cielo. Así que se fue lejos siguiendo el río Malini hasta el Himalaya; allí dio a luz a una niña, dejó al bebé sólo, vigilado por los pájaros, y volvió otra vez a Indra. Kanva encontró a la niña, sólo atendida por pájaros shakuni, y la llamó Shakuntala. «Esta Shakuntala», dijo el joven huésped brahmán, «es la misma doncella de la ermita que ha dado a vuestra alteza la bienvenida.»
Dushayanta habló otra vez a la niña: «Bien nacida tú eres», dijo, «hija de apsara y un gran sabio; tú, hermosa, conviértete en mi esposa, por el rito de mutuo consentimiento.» Pero ella no lo haría, ilusionada en esperar a que Kanva regresara; sólo cuando el rey le había insistido demasiado, ella consintió, con la condición de que su hijo fuera heredero y sucediera en el trono. El rey estuvo de acuerdo, y ellos fueron unidos por el rito gandharva de consentimiento mutuo. Entonces el rey partió a su ciudad, diciendo que enviaría a buscar a Shakuntala sin demora. Pronto llegó Kanva, pero Shakuntala no podía verlo por su timidez; pero él sabía todo lo que había sucedido y se acercó a ella, y le dijo que había hecho bien, y le predijo que llevaba un emperador. Después de muchos meses ella dio a luz a un perfecto niño, hermoso varón, y Kanva practicó para él el rito kshattriya. Mientras crecía él estaba siempre con los ermitaños, y compartía un poco de sus poderes, de modo que era capaz de someter a toda bestia salvaje, aun leones y tigres y elefantes, y se ganó el nombre de Domador de Todos. Él llevaba las tres marcas de nacimiento de un emperador.
Pero hasta ese momento no había llegado ningún mensajero del rey Dushyanta. Entonces Kanva envió a Shakuntala con el niño a cargo de ermitaños a la corte; ella se presentó ante el rey mientras daba audiencia, y le requirió que proclamara al niño sucesor. Él respondió: «¡Nunca me he casado contigo, oh mentirosa joven de la ermita! Nunca he visto antes tu cara. Entonces, ¿crees que no hay hermosas jóvenes en la ciudad? Vete, y no pidas que se te haga emperatriz.» Ella volvió: «¡Ah, rey, qué grande es vuestro orgullo! Pero vuestras palabras son indignas de vuestro linaje. Vos pensasteis: “No había nadie allí cuando yo desposé a Shakuntala.” Ese fue vuestro ardid. Pero ahora que el mismo divino que vive en el corazón estaba allí, si y el Sol y la Luna, y el Viento y el Fuego, el Cielo, la Tierra, las Aguas y el Señor de la Muerte estaban allí juntos; esos trece testigos, contando al Día y la Noche, los Crepúsculos y la Ley, no pueden ser engañados, sino que son conscientes de todo lo que pasa. Yo no sé si será una penalización por un previo pecado por lo que soy rechazada. Pero aquí está vuestro hijo totalmente perfecto; sin embargo, ¡ ningún padre lo hace feliz! ¿No sentís amor hacia él que es vuestra propia carne y tan apuesto como vos mismo? Realmente vuestro corazón es malvado.»
«Ah, Shakuntala», dijo el rey, «si fuera mi hijo yo estaría feliz. Pero mira, él es demasiado grande; en tan poco tiempo ningún niño podría haber crecido tanto. No tengas esta pretensión de mí y marcha.» Pero mientras el rey hablaba vino una voz del cielo:
«Maharajá», gritó, «este niño es tuyo. Shakuntala ha dicho la verdad.» Entonces Dushyanta bajó desde su trono de león y cogió al Domador de Todos en sus brazos; a Shakuntala le habló con lágrimas: «Madre Shakuntala, yo realmente me sentí feliz cuando te vi. Fue por mi condición real que te rechacé; dado que ¿cómo hubiera creído que éste era mi hijo y sucesor? Ahora la voz del cielo ha hecho que la paternidad esté clara para todos, y él se sentará sobre mi trono de león y me seguirá luego a mí como protector del mundo, y su nombre no será más Domador de Todos, sino que será Bharata, debido a la voz divina», y le rogó a Shakuntala que le perdonara; pero ella estaba quieta con las manos unidas y mirada baja, demasiado contenta para contestar y demasiado tímida, ahora que estaba todo bien.

El valor de Bharata es la causa de que hoy exista el país de Bharata; la historia por tanto es llamada el Mahabharata.

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